martes, 2 de octubre de 2012

"No quiero que los agrotóxicos maten más bebes" Entrevista a Sofía Gatica, luchadora contra los agrotóxicos


Tengo 45 años. Nací y vivo en Argentina. Soy ama de casa. Estoy casada y tengo tres hijos, de 14 a 21 años. Me llaman revolucionaria. No soy muy religiosa. Mi hija Nandy murió por fumigaciones con agrotóxicos en sembrados de maíz. Mi hija tendría ahora 16 años

Transgénicos

Sofía Gatica ha sido galardonada con el premio Ambiental Goldman, el Nobel del Medio Ambiente. Escucho su testimonio de madre luchadora contra herbicidas y plaguicidas que podrían ser dañinos para la salud humana, como afirma que sucedió con su hijita. La controversia sobre perjuicios o inocuidad de los cultivos transgénicos continúa en Europa, con resultados opinables. Juan Carrasco (Juanfe36@gmail.com), experto independiente en agricultura y bioteconología, acompaña a Gatica y me informa de que se vierten cincuenta millones de litros de agrotóxicos en campos argentinos. Y me asegura que el ministro Cañete promueve el uso de semillas transgénicas. Le preguntaré.


¿Qué tiene usted contra los agroquímicos?
¡Mataron a mi hijita!
¿Cómo murió?
A los ocho meses de mi embarazo, la niña padecía una malformación del riñón. Los médicos creyeron poder operarla al nacer, pero Nandy murió con tres meses.
Lo lamento.
El médico me la puso en brazos: "Agárrela, que aún está calentita. Pero está muerta".
Cruel.
¡Yo la quería viva! No he dejado de pensar en ella ni un día: Nandy tendría hoy 16 años.
¿Cuál fue el diagnóstico?
Malformación congénita. Sin más explicaciones, regresé a casa. ¡Pero no me resigné!
¿Qué hizo?
Darle vueltas a la cabeza. Mi barrio, Ituzaingó, muy humilde, en las afueras de Córdoba (Argentina), colinda con amplias extensiones de soja transgénica, fumigadas dos veces al año con un herbicida...
Ya.
Al poco, murió el bebé de Susana, una vecina. Y descubrí que no eran casos únicos.
¿Relacionó muertes y fumigaciones?
Recorrí casa por casa y pregunté...
¿Y qué encontró?
Niños con leucemias, tumores diversos, cánceres varios (mama, riñón, intestino, recto...), dolencias respiratorias, intestinales y neuronales, vértigos, patologías dermatológicas... Y malformaciones embrionarias y daños en los órganos reproductores.
¿Y empezó a sospechar?
Mi vecina Ángela me contó que después de cada fumigación, dos entre noviembre y febrero, a su hijo le pasaba algo extraño...
¿Qué le pasaba?
Se quedaba con los músculos paralizados, sin poder moverse, y con los ojos en blanco, vueltos hacia atrás. El médico aliviaba al chico y se recuperaba..., pero recaía coincidiendo con cada fumigación.
Y ahí sí estableció una conexión.
Nos juntamos 16 madres, vecinas del barrio, con enfermedades sospechosas en casa. Marcamos en un mapa nuestras casas, direcciones, nombres, edades, enfermedades...
¿Para qué?
Lo enviamos al Ministerio de Salud, para que lo investigasen. Ni caso. Fue en el 2002.
¿Cómo se lo tomó usted?
Salí a la calle, me manifesté, pedí ayuda, y la televisión me entrevistó. El ministerio determinó que el agua corriente estaba contaminada. La cortó. Todo el barrio quedó sin agua. ¡Más de 5.000 habitantes sin agua!
Lo solucionarían rápido, supongo.
¡Los vecinos estaban desesperados! Me quejé al ministerio y me propusieron un acuerdo: colocarían válvulas y filtros nuevos y yo renunciaba a acciones judiciales. ¡Firmé!
¿Por qué?
¡Lo primero era que la gente tuviese agua! Los vecinos, agradecidos, se sumaron a mi causa. Y el ministro encargó otro estudio.
¿Con qué resultado, esta vez?
Jamás se publicó. Y una noche llamó a la puerta de mi casa un desconocido. Quería hablar conmigo. ¡Era uno de los médicos que habían participado en el estudio!
¿Y qué le dijo?
"¡Señora, váyanse de este barrio, que se están muriendo todos!". Era el doctor Mario Carpio.
Qué miedo, oír eso...
Encargamos otro estudio y afloraron 300 casos de cáncer en una población de 6.000 personas. El gobierno contraatacó con otro, según el cual estábamos sanos. Y decidimos mostrar a nuestros enfermos en público...
Es usted una luchadora.
La lucha sigue. El gobierno municipal, previo estudio, declaró el barrio "inhabitable", y el gobierno central replicó que ese estudio era infundado.
Qué cascada de estudios e informes...
La presidenta Cristina Fernández de Kirschner ha encargado otro: hay un 33% de muertes por cáncer, y un 80% de niños tiene más agrotóxicos en sangre de lo normal.
¿Cómo llegan esas sustancias al cuerpo humano?
Los suelos están contaminados. Y las aguas. Y el aire, en la temporada de fumigaciones.
¿Qué sustancias son contaminantes?
Glisofato, en el herbicida más vendido en el mundo, de la multinacional Monsanto.
¿No podrían cambiar de herbicida?
La soja transgénica está diseñada para resistirlo, y hay que usar este. ¡Y esa soja la importan ustedes para alimentar a sus cerdos!
¿Toda?
Toda la importan ustedes. También ustedes tienen maíz transgénico Mon 810: 100.000 hectáreas, la mitad en Catalunya.
¿Debo preocuparme?
La alteración genética del maíz genera tóxicos. Y con ese maíz se hace pienso para cerdos, igual que con la soja transgénica argentina. ¡Y el cerdo se lo come usted!
Habrá que encargar otro informe...
He denunciado en la Casa Blanca este genocidio encubierto, y tengo una carta timbrada del propio presidente Obama: "Nada puedo hacer legalmente, pero les animo a seguir luchando".
Algo es algo.
El Parlamento de la Unión Europea prohibirá el glisofato en el año 2015. ¿Por qué no ya, y así evitará muertes de europeos?
¿Ha logrado usted algo en Argentina?
Que se prohíba fumigar a menos de 2,5 kilómetros de poblaciones, pozos o escuelas. ¡Alguna niña como Nandy no morirá!

Publicado en La Vanguardia, La Contra sábado 29 de septiembre de 2012

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